La isla de Lanzarote

Lanzarote fue la primera isla en ser ocupada por los navegantes europeos en su intento de colonizar el archipiélago Canario. Finalmente, fue la expedición de Juan de Bethencourt, en el 1402 quien conquistó la isla para la Corona de Castilla. En esos tiempos, Lanzarote tenía una población nativa de unas 300 personas. Lanzarote debe su nombre al navegante genovés Lanceloto Malocello, que llegó a la isla en la segunda mitad del siglo XIV y que, al igual que los Franceses, los Británicos, los Holandeses y los Españoles, cuyos marino y comerciantes hacían continuas expediciones a las Islas Canarias, y estos las conocían como Islas Afortunadas.
La capital, Arrecife, alberga a la mitad de la población insular y es el centro administrativo y comercial de la isla. A 5 min. de la capital está el aeropuerto que mantiene vuelos diarios con otras islas del Archipiélago y con la península ibérica y vuelos periódicos con las principales ciudades europeas. La agricultura y la pesca fueron las principales ocupaciones y modos de subsistencia hasta la entrada paulatina del sector turístico que se ha decantado por unos servicios e instalaciones de excelente calidad a la vez que respetuosas con el entorno y el medio ambiente.
De su espléndido y glorioso pasado han quedado como fiel reflejo de su historia sus castillos y fortificaciones, sus ermitas e iglesias, sus casas señoriales y sus tradicionales casas blancas. En su preocupación de preservar la historia y el pasado de la isla, se ha mantenido viva la artesanía tradicional (vasijas, cerámicas y objetos de barro, instrumentos de cuerda como el timple lanzaroteño, calados y rosetas, cestos, sombreros de paja,...), la gastronomía típica (sancocho canario con mojo y papas arrugadas, queso de cabra, ...) la arquitectura y su diseño con el esfuerzo constante de mantenerse dentro del modelo isleño, así como su folklore.

El desarrollo particular de la isla, con crecimiento económico sostenido, protección y conservación de la naturaleza y su entorno han llevado a la isla a ser declarada por la UNESCO como Reserva Mundial de la Biosfera, reconocimiento internacional a una peculiar forma de entender la vida de los ciudadanos de Lanzarote que a lo largo de su historia siempre han primado el respeto por el medio físico y natural.